R.L. Stevenson, “Jekyll & Hyde”,
Diseño:  Kovacovsky & Hugli
Peter Lunenfeld, “User: InfoTechnoDemo”, 2005
Peter Lunenfeld, “User: InfoTechnoDemo”, 2005
Mark Danielewski, “House of Leaves”,  2000
Roberto Bolaño, “Los detectives salvajes”, 1998
Neal Stephenson, “The Diamond Age”, 1995
Miguel de Cervantes, “Don Quixote”, 1605 / 1615

Publicado por:

  • Sonja Lauber
  • 25.02.14

E-Books, libros impresos, diseño editorial y novelas híbridas. Sonja Lauber entrevista a The Publishing Lab

Sonja Lauber es licenciada en Bellas Artes por la Hochschule Konstanz y acaba de terminar su MA en Diseño de Comunicación de la misma universidad con una tesis titulada “Umbruch – Print Buchgestaltung in Zeiten der digitalen Revolution” (“El diseño de libros impresos en la revolución digital”). Durante la investigación de su tesis nos hizo esta entrevista acerca del presente y el futuro de los libros impresos. Como nos ha salido un poco larga, la hemos colgado completa en PDF en nuestra sección de Referencias, publicamos aquí un extracto (también largo, pero menos!). Esperamos que os parezca interesante.

SONJA LAUBER: ¿Crees que el libro impreso sobrevivirá a la digitalización? ¿Por qué?

ALBERTO HERNÁNDEZ: Definitivamente hoy en día vemos cada vez más libros digitales. Pero lo que también vemos es que los libros impresos están mejorando en cuanto a su contenido, diseño y producción. Los libros impresos tienen algo que los hace especiales, su cualidad física. ¿Cuántas veces nos hemos emocionado al comprar un eBook? ¿Cada cuánto mostramos con interés un libro digital a alguien? […] La escritora Maria Fusco decía en 2008 que “un libro no es solo una estructura para albergar un contenido, sino que además crea lazos sociales significativos con su autor y su lector”. Así que mi respuesta es sí, creo que el libro impreso sobrevivirá a la digitalización porque la gente aún disfruta de ese momento de interacción humana, de esa ceremonia, digamos, de conseguir un nuevo libro, la sensación de tener un libro físico en tus manos.

MARÍA SERRANO: Sinceramente, no tengo ni idea de qué pasará. Soy incapaz de adivinar qué clase de tecnologías de lectura están a punto de entrar en nuestras vidas. Pero sí tengo la sensación de que los e-book y los e-readers están aún en una fase muy preliminar y de que sólo estamos empezando a tener una idea de todo lo que pueden llegar a ser y del verdadero alcance de la experiencia lectora que terminarán por ofrecernos. Quizás sea incluso la propia naturaleza de los materiales de lectura que hoy consideramos estándar la que sufra algunos cambios. […] Lo que sí creo es que lo que motivará todos estos cambios no será el mero hecho de que de pronto existan libros en formato digital, sino que estamos empezando a leer de forma distinta a como lo hacíamos hace 20 años. Ahora nuestra forma de lectura es más rápida, más fragmentada, interrumpida, simultánea, conectada y etc. […] Así que, para mí, la pregunta no sería tanto “sobrevivirá el libro impreso la era de la digitalización” sino “¿será capaz el libro impreso de responder a todos estos cambios en nuestros patrones de lectura y de estar a la altura de las nuevas exigencias y expectativas que estos planteen?”. O “¿serán capaces los autores, diseñadores y editores de asumir el reto con éxito?” […]

SL: ¿Qué es lo que el libro impreso puede ofrecer y el e-book no?

AH: Aunque esto pueda sonar como una idea romántica, para mí la sensación de tener uno en tus manos, la sensación táctil, lo es todo. Pero también es importante la sensación al pasar las páginas para delante y para atrás, el tipo de papel y el olor del libro, el color de las ilustraciones, las diferentes técnicas de impresión usadas, los diferentes formatos y materiales, el doblar las esquinas de las páginas para marcarlas, e incluso su sonido mientas las pasas.

MS: Bueno, al menos hasta ahora, una experiencia de lectura en la que la funcionalidad y el placer sensual están equilibrados, y una larguísima tradición en el perfeccionamiento de las artes editoriales que aparentemente la industria editorial del e-book ha decidido no aprovechar. Hay una razón, que tiene que ver con la legibilidad, por la que en la maqueta de un libro todo tiene que resultar proporcionado y armónico: el tamaño del tipo, la longitud de la línea de texto, la mancha tipográfica y la retícula. Y también hay una razón por la que hay que controlar la partición de palabras, el kerning, el tracking, las líneas viudas y huérfanas y todas esas cosas. Todo ello hace que leer un libro impreso cuidadosamente editado, diseñado, compuesto e impreso, y por supuesto bien escrito, sea una experiencia inmensamente placentera. Y los e-books no suelen respetar los mismos criterios.

SL: ¿Qué es lo que el e-book puede ofrecer y el libro impreso no?

AH: Aparte de ser más baratos y fáciles de conseguir —moviendo tan solo un dedo y mientras sigues aún en pijama, por ejemplo— los eBooks le permiten a uno involucrarse en la historia a través de una experiencia multimedia con música, luces y animaciones. Pero para alguien como yo, que se pasa la mayoría del día en frente de un ordenador, esto puede también terminar por destrozarte la vista. Una de las cosas que más me apetece al final del día es desconectar de las pantallas, así que, para mí, no hay nada peor que terminar de trabajar y seguir haciendo cosas en otro dispositivo digital.

MS: Obviamente su capacidad de portabilidad, conectividad e “hiperlinkabilidad”, sus cualidades multimodales y multimedia, su capacidad de almacenamiento, el hecho de que puedas comprarlos y empezar a leerlos un segundo después de darte cuenta de que quieres leer un libro determinado, el hecho de que, entre montones de información, puedas encontrar facilísimamente una cita que solo recuerdas a medias… Todas ellas cualidades extremadamente importantes en el mundo contemporáneo.

SL: ¿Qué es lo que crees que debería ofrecer el libro impreso para poder mantenerse a la altura de la tendencia del ebook, o más bien para resistir su embate?

AH: Aparte de una buena historia o buen contenido, necesita elementos gráficos que involucren al lector en una experiencia narrativa más dinámica y darle a la superficie de la página otra dimensión. Estos trucos no deberían limitarse solo a mejorar la experiencia de lectura y comunicar la historia de un modo visual, sino que además deberían entretener al lector de un modo diferente al que lo hace el formato clásico del libro, además de ayudarlos a sumergirse totalmente en la historia. Con estos elementos gráficos no solo me refiero a fotografías, como tienen muchas veces las novelas, sino a ilustraciones, tratamientos tipográficos, infografías, uso de diferentes formatos y materiales, etc.

MS: En primer lugar tengo que decir que yo no creo que esto sea una competición. No creo que los e-books y los libros impresos sean adversarios, creo que son complementarios. […] Dicho esto, creo que lo que los libros impresos deberían hacer principalmente para asegurar su supervivencia en el contexto alterado de lectura de la era digital es dejar de ser meros productos en serie. Creo que, por el contrario, el esfuerzo por tratar a cada libro como un producto distinto, con sus necesidades y requisitos propios, y por buscar la voz formal, material y visual específica que le cuadra —igual que lo hacen los autores durante el proceso de escritura— debería ser una parte fundamental de la labor editorial. […] Fíjate en que, aunque el estilo de dos autores puede llegar a ser extremadamente distinto, la forma material de sus libros, su “voz visual”, suena a menudo exactamente igual. Piensa en los dos escritores más diferentes que puedas imaginar. Y ahora piensa ¿qué aspecto tienen sus libros? Son iguales. Pero ¿estamos seguras de que la forma de sus libros no podría responder de ningún modo a lo distintivo de sus voces? En The Publishing Lab estamos convencidos precisamente de lo contrario. La forma, el diseño y la composición de un libro también es un lenguaje. Y en cuanto lenguaje tiene sus convenciones y estándares para que todos podamos entendernos, pero también podemos usarlo de forma creativa, para potenciar su expresividad. Eso es lo que creo que deberíamos estar haciendo ahora mismo con los libros impresos y esa es la forma en la que creo que llegarán a mantener su relevancia en nuestra cultura, sabiendo cómo responder física y estéticamente al contenido que guardan entre las tapas.

SL: ¿Ha influido de algún modo la aparición de los e-books y la digitalización en general el diseño de los libros impresos?

AH: Creo que sí, y además para mejor. Cuando las editoriales tradicionales se dieron cuenta del aumento de eBooks, también cayeron en la cuenta de que tenían que ofrecer algo más aparte de buen contenido. Y ese “algo más” podía ser un mejor diseño y producción. Pero claro, todo tiene que ver con el tipo de libro, mientras que hay libros que no han cambiado mucho, como los “coffe table” o los ensayos, hay otros, como los libros de arte y diseño y las novelas, que parecen estar mejorando en este sentido.

MS: Se me ocurren algunos libros escritos a principios de los 2000 que intentaron incorporar algunas de las características de los medios digitales en sus páginas impresas, generalmente con poca fortuna. Cosas como extractos de emails, chats o pantallazos que sonaban falsísimos. Ninguna sutileza. Creo que esa es una vía muerta; simplemente, no funciona. Creo que las respuestas más interesantes a la influencia de los medios digitales las han mostrado los libros que no intentan emular las cualidades formales de los medios digitales, sino más bien sus usos, la disposición con la que los abordamos y las múltiples formas en las que los usamos. Uno de esos libros es “La casa de hojas”, de Mark Z. Danielewski. […] Y creo que ese es el tipo de consideración que resulta interesante, no meter en tu libro algún tipo de elemento digital falsificado porque te parece que le dará un aspecto muy molón, sino asumir que nuestra forma de manejarnos con los medios escritos está cambiando e intentar responder a ello de alguna forma. Y yo veo que cada vez hay más escritores de ficción y ensayistas que lo hacen. Por ejemplo, Peter Lunenfeld es otro ejemplo interesante en el campo de la no ficción. Sus libros intentan responder a todo esto de formas muy diversas.

SL: ¿Qué oportunidades y tendencias ves que se abren para el diseño editorial en el futuro? ¿Cómo se contarán las historias?

AH: La tecnología avanza muy rápido. Es lógico pensar que inventaremos nuevas maneras —y espero que mejores medios— de contar historias, igual que fuimos desde las pinturas rupestres a la creación de libros digitales súper complejos, pasando por los jeroglíficos, los frisos, los comics, las películas y los libros impresos, por nombrar unos pocos. Empezaremos a ver cada vez más maneras de contar historias que hacen uso de tecnologías como la realidad aumentada, Google Glass, o la realidad virtual, pero estoy seguro que también empezaremos a ver mejores libros impresos. No estoy 100% seguro de cómo se contarán las historias del futuro, lo que puedo decir es el modo en el que a mí me gustaría que se contaran, y es en papel y, como siempre ha sucedido, de boca en boca, una de las primeras formas de narrar historias.

MS: […] Nuestra cultura ha pasado de ser una cultura básicamente letrada a una cultura básicamente visual. En lo que respecta a nuestra relación con la información el lenguaje visual está a la par con el lenguaje escrito, y creo que ahí hay todo un campo por explorar que permitirá que los libros lleguen a convertirse en un medio verdaderamente híbrido en los dos lenguajes. Y no me refiero a cosas como ediciones simplemente ilustradas, no me refiero a esos libros en los que se añaden algunas imágenes salpicadas por aquí y por allí, que pueden ser chulas pero que no tienen ningún valor como contenido, sólo para hacer que el libro quede más bonito. Me refiero a libros que sepan hablar con fluidez tanto el lenguaje textual como el visual, libros que emplean la gramática visual para crear tropos que no se pueden lograr con palabras. Todo esto ni siquiera tiene por qué ser terriblemente sofisticado, fíjate, por ejemplo, en el final de “Los detectives Salvajes”, de Roberto Bolaño. Es un dibujo super simple, de lo más simple que se te pueda ocurrir. Pero es tremendamente potente. Crea una sensación que no podrías evocar con palabras.

SL: ¿Qué papel crees que desempeñarán las novelas híbridas en el futuro?

AH: Espero que uno importante, pero por mucho que me guste la idea de que las novelas híbridas salgan adelante y tomen el mercado literario, no creo que eso vaya a ocurrir a largo plazo. […] La razón por la que no creo que esto llegue a convertirse en la norma es, como ha explicado Rick Poynor, “primero, porque la mayoría de los escritores no desean dejar de lado ningún aspecto de su autonomía y no tienen interés alguno en extender la labor del diseñador. Segundo, porque la mayoría de los diseñadores no tienen suficiente talento para escribir o la dedicación que esto requiere […] Tercero, porque si no hay suficientes trabajos producidos como para hacerse un hueco específico en las librerías y las páginas de crítica, no puede existir tampoco un mercado para este tipo de libros”.

MS: Bueno, no sé qué papel desempeñarán, pero sí puedo decirte qué papel creo yo que podrían desempeñar. Creo que la cualidad multimodal de las novelas híbridas podría ser una herramienta muy útil en la creación de narrativas que exijan al lector una implicación activa, que le exijan una actitud alerta, vigilante, sagaz, perceptiva, reflexiva y crítica. Quizás estés pensando que los lectores siempre tienen esa actitud, pero no es así. Algunos lectores son muy vagos y en absoluto atentos y no están dispuestos a hacer ningún esfuerzo. […] Dado que las novelas híbridas de verdad […] te exigen que operes a la vez en varios modos semióticos (varios canales de creación de significado: visual, escrito, oral…) para pillar bien el sentido de la narrativa, lo que te están pidiendo es, básicamente, que hagas un duro trabajo mental: que establezcas conexiones y completes los huecos y que interpretes mensajes que no son denotativos como suele serlo el lenguaje escrito, sino connotativos. ¿Por qué creo que esto es importante? Porque mientras te las ves con todo esto lo que estás haciendo es afinar tus habilidades para interpretar mensajes complejos. […] Las buenas novelas híbridas te obligan a prestar atención precisamente a esos detalles donde se esconden los significados que están más allá de lo obvio: las elipsis, las implicaciones, las aposiciones, las conexiones… Y, en nuestro mundo saturado de información, estas competencias y esta disposición son fundamentales para saber leer cualquier narrativa social. Así que creo que las buenas novelas híbridas podrían desempeñar un papel muy importante en la educación cognitiva y hermenéutica de los lectores del futuro. : ) […]

SL: ¿Cómo imaginas el libro del futuro?

AH: Imagino el libro impreso del futuro con un profundo contenido visual e interesante contenido textual, diseño impecable y producido con la más alta calidad. Probablemente, las versiones digitales contengan, en la mayoría de los casos, montones de trucos y elementos innecesarios, pero serán un modo bueno, barato y rápido de acceder al contenido, igual que lo es ahora.

MS: Muy parecido a como lo imaginó Neal Stephenson en su novela “La era del diamante”. Cuando la leí, a finales de los años noventa, me pareció que la descripción que hacía de un libro que tenía una apariencia habitual de códice pero que por dentro era supertecnológico y que estaba programado de forma que pudiera responder a la vida y al proceso de lectura del lector, y que además estaba conectado a una especie de estudio teatral en el que una actriz (una “ractriz” en la novela) interactuaba con la niña que estaba leyendo el libro… me pareció que esa descripción era el colmo de lo guay. […]

SL: Un libro que no debes leer en versión digital o que nunca leerías en versión digital.

AH: Nunca leería una versión digital de “El Quijote”, por ejemplo, no sólo por su extensión, sino porque es un libro que fue pensando para imprimirse. Y este es sólo uno de millones.

MS: “Tree of Codes”, de Jonathan Safran Foer (Visual Editions, 2010). “La casa de hojas”, de Mark Danielewski (Pálido Fuego–Alpha Decay, 2013).

SL: Un libro que creas que es mejor leer en un e-reader.

AH: Cualquier libro que haya sido escrito específicamente para el mercado digital.

MS: Cualquiera que esté específicamente escrito y diseñado para ese medio: por ejemplo “Reading in Four Dimensions”, de Andrew Losowsky (2011).


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