Losowsky en Rock Paper Pixel. Foto: Xavi Padrós
Fully Booked. Gestalten, 2013
Visual Storytelling. Gestalten, 2011
Turning Pages. Gestalten, 2010
Reading in Four Dimensions. Kindle Edition, 2011

Editores visuales y diseñadores literarios. Una entrevista con Andrew Losowsky

Andrew Lososwsky es escritor, periodista y experto en diseño editorial y de la comunicación. Se define como un editor visual. Actualmente es editor sénior de la sección de Libros en The Huffington Post y pronto estará disfrutando de una beca John S. Knight de Periodismo en Stanford, donde trabajará en la creación de una plataforma editorial para ayudar a la población en situaciones de crisis. También es autor de algunos de esos libros pavlovianos que te hacen salivar en el mismo instante que los ves: “Fully Booked”, “Visual Storytelling”, “Turning Pages”, o “Reading in Four Dimensions” entre otros. En The Publishing Lab somos fans de su trabajo desde hace años. Nos interesa su modo de abordar el diseño de las formas de la comunicación escrita como un conjunto, en su calidad general de narraciones. Sin crear categorías aisladas para los textos literarios, periodísticos, académicos etc., sino pensándolos en conjunto. Impulsando una reflexión híbrida y global sobre el diseño de información. Así que cuando supimos que estaría en Barcelona para dar una charla en las jornadas Rock Paper Pixel del Fadfest, no paramos hasta que conseguimos arrinconarlo y hacerle una entrevista. María Serrano, editora en la Editorial Gustavo Gili y coeditora de TPL, se reunió con él en el Rock Paper Pixel para intentar sonsacarle algunos de sus secretos de experto editor visual.


María Serrano: En la introducción de tu último libro “Fully Booked”, terminas afirmando “este es un momento maravilloso para ser escritor, narrador, diseñador y lector” ¿Qué dirías que es lo que lo hace tan maravilloso?

Andrew Losowsky: Ahora mismo existen más plataformas y más oportunidades y más medios de comunicación de los que ha habido jamás. Y son más accesibles de lo que lo han sido jamás. Ahora es fácil crear e imprimir un libro, mientras que hace 10 o 15 años ese no sería el caso. La impresión digital ha facilitado mucho las cosas. Por lo que se refiere al libro físico todo es más fácil que nunca. Y por supuesto, también estamos en un punto con Internet en el que ya hay suficiente gente online y por tanto se ha aceptado completamente como un medio por millones de personas. Y con esta difusión, por medio de las redes sociales, de lo que le gusta a cada uno, las cosas se pueden viralizar muy rápido.

Es un momento en el que existe una cantidad casi infinita de cosas que leer, una cantidad casi infinita de cosas que son gratuitas, y hay un montón de formas diferentes de contar una historia. Así que si quieres ser narrador puedes elegir entre todas estas, y si quieres ser lector puedes leer cantidades ingentes de cosas sobre casi cada tema que te interese, especialmente en lenguas extendidas como el inglés y el español. Así que, por todas esas razones, creo que vivimos en ese momento.

También creo que aún existen limitaciones en todo ello, y que es fácil olvidar que existen esas limitaciones. Hay un montón de temas que no están cubiertos adecuadamente. Ahora mismo casi todo tiene que ver con las culturas dominantes, las lenguas dominantes. Y no todo el mundo está online, no todo el mundo tiene acceso a este tipo de libros o revistas, y creo que es importante recordar y reconocer también las áreas que faltan. Pero, dicho esto,creo que esta es una época, más que cualquier otra época en la historia, en la que existe un nivel altísimo de alfabetización y también un enorme acceso a los medios.


M. S.: A este respecto es interesante la afirmación que has hecho en tu charla de esta mañana acerca de que lo importante ya no es el medio, sino la historia. Eso de que antes la gente pensaba “quiero ser escritor (o editor) de libros”, y ahora deberían pensar “quiero contar esta historia, ¿cuál es el mejor medio para ello?”.

A. L.: Ahora mismo mucha gente sigue pensando primero en el medio, pero ya no tienen que hacerlo. Lo que sugiero es que es mejor que la gente piense primero: ¿cuál es la historia? Y después: ¿cuál es la mejor manera de contar esa historia? Y no solo cuál es la historia sino cuál es el público al que quiero llegar a través de esta historia, porque hay muchos tipos de público que no están online o a los que no vas a llegar en las plataformas móviles o que no van a leer una revista o un libro, por tanto creo que es importante pensar primero en el público.

Y creo que lo que es emocionante es que la pregunta tampoco tiene que ser ¿cuál es el único medio que voy a escoger?, podría ser que quizás haga esta parte como un periódico y esta otra parte como un podcast y esta en una página web. Así que tienes la posibilidad de hacer todas estas cosas y decir, vale, voy a hacer fotos y grabar algunas voces y lo voy a mostrar de esta forma. Y después se trata de entender lo que cada uno de los medios le aporta al relato, cómo cada uno de ellos cambia el relato, porque el medio es parte del mismo relato. Creo que realmente al final tiene que ver de que el creador entienda el tipo de emoción que quiere obtener y que consiga comprender qué tipo de emociones y reacciones puede crear o generar cada medio.


M. S.: Y mi impresión es que no estás incómodo en esa hibridación de medios, que no te llevas mal con las cosas que no tienen un significado unívoco. Te niegas a aceptar la dicotomía “libro impreso vs. libro digital”, en tu libro “Reading in Four Dimensions” adviertes que empleas los conceptos de “información” y “lenguaje” de forma intercambiable, te defines como un “editor visual” que trabaja con “diseñadores literarios”…

A. L.: Vivimos en un mundo híbrido; no vivimos únicamemte con un medio y nada más. Así que la idea de que cualquier relato quede limitado a un solo medio es en realidad como poner un límite falso a las formas en las que puede contarse esa historia. Continuamente vemos anuncios, escuchamos la radio, vemos la tele, hojeamos libros y revistas, conversamos con la gente…, ya sabes, nuestras vidas tienen que ver con historias híbridas. Por tanto estamos hechos a la idea de que un mismo relato puede existir en todos esos espacios múltiples. Y sin embargo muy pocos lo hacen, aparte de los de las noticias. Así que es interesante ver que hay historias que sí lo hacen.

No creo que sea necesariamente la única forma de hacerlo porque no creo que haya una única forma de hacer nada. Lo que más me interesa de lo híbrido es que al hacer esto están forzando los límites de las formas en las que leemos, y están experimentando con cosas que están transformando nuestra comprensión de las conexiones de la cultura y de las conexiones de estos medios. Así que me centro en ellos precisamente porque creo que son las áreas que más nos premiten aprender… sobre los propios medios. Pero no creo que el único trabajo que merezca la pena sea el que se está haciendo en los espacios híbridos ni que en el futuro se trabajará siempre en espacios hibridos. Creo que esto siempre será una parte de todo el entorno en el que estamos inmersos.


M. S.: Es estimulante empezar a oir voces que se oponen al debate “medio impreso vs medio digital”.

A. L.: Pero es que no es una competición, es un baile. Están juntos. Uno de ellos hace algo y el otro reacciona. Y el otro hace algo y el otro reacciona… Eso no es una pelea, y la gente que lo malinterpreta y se lo toma como si lo fuera… Quizás porque el conflicto es un gran impulso narrativo, a la gente le encanta el conflicto como relato, especialmente los medios, pero no se trata en absoluto de una pelea.


M. S: ¿Y cómo crees que está reaccionando el libro impreso, en este caso, al espacio digital?

A. L.: Creo que estamos llegando a un punto en el que hacer algo impreso es una elección, y comprar libros impresos es una elección en aquellas sociedades en las que los eBooks se han convertido en algo habitual. Y se convierte en una elección que tiene costes, porque es más caro, es más pesado, no tienen acceso inmediato… ya sabes, todas esas cosas que hacen que los eBooks sean muy atractivos. Así que para contrarrestar todo esto, el libro físico se está volviendo más bonito, mejor pensado… Al menos muchos de ellos, no todos, pero sí los que aparecen en “Fully Booked”, por ejemplo. La idea es que estos libros sean algo que quieras guardar, tener como recuerdo en la estantería, que sean bonitos; que se conviertan en parte de la decoración. Y creo que esta es una de las principales formas en las que los libros impresos están empezando a reaccionar.

Por otro lado está la idea de la cubierta del libro. En este momento las cubiertas de los libros digitales son muy pequeñas, generalmente en blanco y negro, no cumplen la misma función en la venta del libro que tienen en el formato físico. Así que cuando tienes una cubierta que de verdad está muy bien pensada y que de verdad intenta transmitirte una sensación o una emoción antes de que abras el libro, ya te provoca una reacción. Ya te involucra de alguna manera, te deja interesado e intrigado sobre qué es lo que viene después. Esto también es parte del relato, y es una parte del relato que los libros físicos pueden hacer única ahora mismo. Por tanto, en estas áreas, vemos que se está reflexionando más sobre las sensaciones físicas, vemos todos estos tipos de tela que se emplean en las cubiertas para conseguir un efecto especial y demás…

Creo que los más interesantes son generalmente los de Penguin Classics porque la mayoría de estos textos están disponibles gratis online, el coste de conseguirlos es absolutamente cero. Así que están compitiendo contra algo gratuito y les va bastante bien en la competición porque de verdad se están centrando en la experiencia que permite el objeto físico y en lo que significa para nosotros.

Ahora bien, sobre el tema de si esto será igual para la próxima generación… no lo sé, han crecido con el iPad y para ellos un libro será algo completamente distinto. Pero ahora mismo, para nosotros, que hemos crecido con los libros, que hemos crecido con esa asociación…, esta es muy potente y es ahí donde estas narraciones se están centrando ahora.


M. S.: ¿Y qué hay del interior de los libros? ¿Crees que las composiciones de página fragmentadas que muestran algunos libros como “House of Leaves”, de Mark Z. Danielewski, o algunos de los que ha publicado Visual Editions, como “Kapow”, de Adam Thirlwell, o “Tree of Codes”, de Jonathan Safran Foer, pueden verse como reacciones a lo digital?

A. L.: Algunos. “House of Leaves” se publicó en el año 2000. Para la Red era aún muy pronto y Danielewski llevaba trabajando en ese libro10 o 12 años. Así que no creo que ese libro constituya una reacción al mundo digital en especial. Puede que sí lo sea, pero yo no lo veo así. Algunos de los de Visual Editions, “Kapow” y demás, quizás sí.

En general creo que la gente está más acostumbrada a leer textos más cortos, por tanto creo que en libros menos obvios lo que vemos es que los capítulos se hacen más cortos, vemos cómo los libros se están volviendo bastante cortos..

También están apareciendo libros que vienen de lo digital. Tenemos libros basados en cuentas de Twitter, en blogs, en Instagram… Tumblr también ha dado para un montón de libros… Así que vemos que están apareciendo libros que se han creado en un contexto digital. Mi libro “The Doorbells of Florence”, por ejemplo, se creó como una serie de fotos de Flickr…

Hay un libro que saldrá el próximo septiembre, me parece, de Marisha Pessi, un libro de ficción; se titula “Night Film”. A lo largo del libro aparece un slideshow de la web de Time Magazine, dentro, impreso dentro del libro; y también una página de Wikipedia… y aparece también el sitio web de Vanity Fair, creo.

Así que tienes estas cosas híbridas interesantes que ocurren dentro del libro, donde de pronto ves una fotografía del personaje en el contexto de esos medios, y es un poco extraño ver una fotografía del personaje, no esperas… Así que vemos cómo estas cosas pasan cada vez más, porque son parte de la cultura, son parte de la vida.

Siempre habrá gente que quiera escribir en el estilo que sea. Y creo que la ficción literaria todavía está… se mueve mucho más despacio en muchos casos… porque son mucho más respetuosos con o rinden más homenaje a otros libros muy anteriores y por tanto el estilo se mantiene mucho más fiel al estilo precedente. De hecho, yo creo que la cantidad de atención que prestamos a la ficción literaria es a veces exagerada. Solo porque se entiende como parte de una larga tradición. Pero evidentemente todo es parte de una larga tradición, es parte de la tradicción de reaccionar a la cultura que tenemos e intentar escribir algo que de la sensación de ser honesto y real.


M. S.: Y recogiendo una idea anterior, ¿cómo entiendes el trabajo de un editor visual y de un diseñador literario?

A. L.: Un editor visual es un editor que piensa en un sentido visual, más allá de las simples palabras, y comprende las posibilidades narrativas. Y que cuando se está trabajando en el diseño tiene un sentido del conjunto, de la sensación y el aspecto que quiere que transmita en conjunto. Así que para mí… Yo no soy diseñador, pero tengo ese sentido visual. No tengo la habilidad creativa para poder crearlo desde un concepto original, pero entiendo perfectamente lo que está intentando hacer el diseñador. Y si no lo entiendo hablo con el diseñador y le digo ayúdame a entender este concepto, ¿por qué esto tiene esta forma?, ¿por qué este color? Y ellos saben que si no pueden contestar a esas preguntas, entonces tenemos que encontrar un mejor…, un diseño que responda a todo eso. Porque cuando intentas contar una historia, todo tiene que tener una razón para estar ahí.

Y un diseñador literario, para mí, es un diseñador que —al menos en el contexto de los libros y las revistas— se lee primero el texto y desarrolla sus ideas a partir del texto. Puedes verlo por el modo en que una determinada palabra adquiere resonancia o color…, o lo percibes por el modo en que se estructuran las palabras. Ves cosas muy sutiles que emanan de las propias palabras o de la ubicación de las palabras o de la forma en que se coloca el título en torno a ellas…, el modo en que se emplea la foto… se ve que está todo conectado.

Ese es el tipo de diseñadores con los que me gusta trabajar, los que entienden que sé algo de la parte visual pero que también, por su parte, intentan comprender algo del texto. Y podemos mantener una conversación en ese nivel sobre lo que queremos conseguir, de qué trata, cuál es su esencia, qué tipo de mensaje queremos transmitirle al lector, qué impresión queremos que reciba el lector al verlo, qué es lo primero que van a ver, cómo vamos a invitarles a navegar por la página y demás. Así es cómo funcionan esos términos para mí.

Y hay un montón de diseñadores que han terminado por convertirse en editores. For ejemplo, Tony Chambers de Wallpaper es uno de ellos, hay más ejemplos. Empezamos a ver este cruce de fronteras. Que está muy bien, no creo que debieran mantenerse al margen de esto, ya son comunicadores, no hay razón para que no fueran también buenos con las palabras.


M. S.: ¿Y cómo crees que afecta todo esto al papel de los autores? Mi impresión es que la popularización del fenómeno de la autoría colectiva que se da crecientemente en el plano digital también está traspasando al mundo del libro impreso y hay cada vez más proyectos en los que el trabajo del diseñador o el editor o incluso el impresor es esencial para la naturaleza final del relato. Y esto difumina las fronteras de la autoría y desdibuja la figura del autor como genio original, aislado, solitario, etc.

A. L.: Yo creo que eso siempre ha sido una ficción, esta idea del autor que en solitario produce equis cosa que emerge ya perfecta y tal. Los autores siempre ha trabajado con un equipo, siempre han trabajado con editores, con otros escritores… La idea de que el autor se sienta en un estado de armonía perfecta y produce… bueno, ya sabes, y pone un libro como si pusiera un huevo, es completamente falsa. Así que cuanto más crédito reciban los editores, cuanto más crédito reciban los diseñadores como parte del equipo, pues creo que mejor, porque será más honesto. Respeta más el oficio. Y además te permite seguir a toda esa gente de formas distintas, porque no necesariamente vas a querer seguir solo al autor.

Gordon Lish es un buen ejemplo. Fue editor en los 40, 50, 60 en estados Unidos. Editó a Raymond Carver y él… si observas sus correcciones podrás ver que le recortaba las frases y las dejaba así de cortas. Se convirtió en alguien muy influyente y empezó a saberse a quiénes estaba editando y la gente buscaba eso libros. Por tanto, ¿por qué no tener una colección de un editor?

Y con los diseñadores lo mismo. Hay gente que se compra las revistas que diseña tal diseñador, sin importar quién sea el editor, así que por qué no podría pasar lo mismo con los libros? Quiero decir que creo que es bueno que el autor sea solo una parte del equipo, y claro que es una parte importante del equipo, pero siempre ha sido…, nunca ha sido el único integrante de ese equipo así que cuanto más se subraye este hecho, creo que será más honesto y mejor para los lectores.


Comentarios (1)

Me ha parecido muy interesante.

Oxigenante en los tiempos que corren donde parece que se va a perder todo lo relacionado con cultura en estado puro.

Una buena y esperanzadora visión de lo que sucede.

Enhorabuena.

Luisa Fernández
11.07.13

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