Diseño (detalle): Damián Caeiro
Puro Cuento, Typographia2, alumnos, Cátedra Longinotti, 2012
Diseño: María Florencia Famá (izq.). Cristian R. Fdez. (dcha.)
Diseño: Santiago Fdez. Lascano (i.). Matías Fdez.  Schmidt (d.)
Diseño: Guido Gordillo (izq.) & M. Belén Grillo (dcha.)
Diseño: Paula C. García (izq.). Evangelina García Loza (dcha.)
Diseño: Federico Kanno (izq.) & Anabella Labrador (dcha.)
Diseño: Eugenia Gelemur (izq.). Valentina Gifuni Hileman (dcha.)
Diseño: Sofía Marvisi (izq.). Caterina Mazzinghi (dcha.)

"Puro Cuento": el diseño del texto como máquina de construir lectores (A Longi & Winding Read)

[NOTA DE TPL: el libro “Puro Cuento” es resultado del trabajo de los alumnos del taller de “Tipografía 2” de la Cátedra Longinotti de Tipografía de la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo de la Universidad de Buenos Aires (FADU-UBA). El texto que se reproduce abajo es la introducción al libro, escrita por el Arquitecto Enrique Longinotti. Puedes ver más información sobre el proyecto en esta web.
Y nuestra gratitud desmedida para el gran Hernán Ordoñez por añadir el brillante subtítulo a este artículo]


El diseño de un texto puede ser, entre otras cosas, una experiencia abierta. Habituados a la indispensable transcripción tipográfica de los textos impresos, en los que la neutralidad de los signos y los recursos “preserva” la transmisión de la información verbal del autor, aparecen otras instancias posibles. Se trata de preguntarse por la posibilidad de interpretar y proponer ese contenido en un conjunto más amplio de relaciones. Sabemos que no hay textos aislados, y que la intertextualidad es una condición natural de la lectura. Diseñar la lectura de un texto es entrecruzarlo con algunas de las relaciones que convoca.

En este caso, se trabajó un “proyecto de edición”, más que un proyecto editorial, de un conjunto de relatos, en nuestro taller de Tipografía 2 de la carrera de Diseño Gráfico de la FADU/UBA. Se trata de una propuesta que buscó potenciar la capacidad configuradora que tiene el diseño sobre los contenidos que opera. No para imponer una idealidad sino para proponer alternativas.

Para interpretar la propuesta es pertinente hacerse esta pregunta: ¿Qué es un cuento? Acostumbrados a la estabilidad lineal de la narrativa posterior a la invención de la escritura y de la imprenta, se pierde de vista la capacidad transversal de cualquier narración, su intersección permanente e infinita con mundos a los que pertenece, o hace referencia, o construye en el mismo acto de existir, en el mismo instante de ser leído…

Si todo cuento, como todo texto, es “una máquina para construir un lector”, como afirma Umberto Eco, es interesante ver qué lectores —qué lecturas— fueron construidas por los diseñadores de estas páginas. Como lectores, fueron creados por el relato, que los configuró de una u otra manera: las ideas que se asociaron a lo que el cuento va proponiendo, las referencias que enlaza o despierta, la investigación paralela que enriquece, como contexto, al texto. Se trata, claro, de lecturas/lectores que reflejan puntos de vista particulares. Como diseñadores, proyectaron, subvirtieron, intervinieron sobre la propia materia textual del relato para dejar las marcas y la huella del paso del ojo que lee y que, en ese acto, transforma lo leído.

El diseño de textos a través del medio tipográfico, entonces, puede adquirir diversas formas. Desde la que codifica la literalidad verbal en un continuo de palabras, frases y párrafos que reproducen el contenido en su versión “objetiva”, hasta las que opinan y comentan a través de la reestructuración, la selección y la ampliación.

El ejemplo del cine nos puede servir como referencia. Un film es siempre una adaptación de un libro porque está presente un cambio esencial de soporte y lenguaje. Acostumbrados a que el diseño de textos parezca una simple transmisión de información inalterable podemos pensar, en cambio, que poner en página un cuento y sus alrededores (cercanos o no tanto) es una manera de adaptar, de versionar un original. La gracia de una adaptación radica en que el lector o espectador conoce el original y está en condiciones de apreciar, admitir o disentir sobre la lectura que ha hecho el adaptador. En nuestro caso, propusimos que cada diseñador/editor de un relato evidenciara cómo leyó su original, cómo lo hizo resonar, qué forma particular le dió a su lectura. Y también qué imágenes convocó y qué dimensiones de información atravesó.

Cada uno de los estudiantes presentó su propuesta de diseño para uno de los siguientes cuentos (“El asesino”, de Ray Bradbury; “El milagro secreto”, de Jorge Luis Borges; “Carta a una señorita en París”, de Julio Cortázar; “El vendedor de pararrayos”, de Herman Melville; “El cuentista” o “La ventana abierta”, de Saki, y “Cuentos para tahúres”, de Rodolfo Walsh). El contenido de este libro es también un conjunto de fragmentos, lo que desmiente la homogeneidad que lo secuencial promete: una página por diseñador, que intenta, casi como un trailer cinematográfico, condensar, resumir, extraer y transmitir aquello que define el espíritu más que la letra del relato en cuestión. Esperamos que no se busque en ellos la neutralidad sino el posicionamiento, no la objetividad sino la subjetividad que hace de los lectores, de cada uno, un mundo.

Ojalá alguna de estas páginas, de estas versiones tipográficas e icónicas encuentre, a su vez, a su lector inesperado.


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